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sábado, 8 de diciembre de 2007

Líderes


La visita del Real Madrid a San Mamés acostumbra a ser de las más calientes de la temporada y no por la categoría futbolística del Athletic, un equipo con más historia que presente, sino por la impunidad con la que los ocupantes de uno de los fondos del estadio practican el lanzamiento de objetos contra los jugadores del Madrid. La historia se repite año tras año, nada cambia. Parece una tradición permitida. Como ya empiezan a ser una tradición las victorias madridistas en Bilbao. Esta vez la diferencia la marcaron Casillas, con sus paradas, y Van Nistelrooy, con un golazo desde fuera del área que sorprendió a un desacertado Aranzubia. El Madrid tuvo lo que le faltó al Athletic, un gran portero y un delantero que vive casado con el gol.

Y eso que empezó bien el Athletic, que arrancó el partido presionando muy arriba, para ahogar la salida del balón del Madrid. Lo que era un problema, una dificultad enorme para sacar el balón con sentido desde la zaga, el Madrid lo intentó convertir en una solución a sus carencias y limitaciones para generar fútbol. Comenzó a buscar los espacios que dejaba el Athletic en defensa y por ahí empezó a cambiar el choque.

Asustó el Athletic, pero ya anunció en ese buen comienzo la difícil relación que mantiene con el gol, una carencia a la que se le adivina difícil solución. No fue capaz ni de aprovechar los regalos del rival. Como ese error incomprensible de Cannavaro, que intentó ceder de cabeza a Casillas y lo que hizo fue poner el balón en los pies de Iraola, que lo hizo casi tan mal como el italiano y estrelló el balón en el cuerpo de Iker. Primera aparición estelar de Casillas, que cerca de la media hora efectuó la parada de la noche, al despejar un magnífico cabezazo de Llorente.

En el lado contrario, Robinho se cansó de dejar en evidencia a Ustaritz, un central que convirtió su lateral derecho en la zona peor defendida del Athletic. Claro que esos problemas se repitieron en la casa de enfrente, donde Torres, sustituto de Marcelo en el lateral izquierdo, vivió una verdadera pesadilla con Iraola. Joaquín Caparrós rectificó su error inicial de planteamiento y movió sus piezas. Ustaritz pasó al centro de la defensa, Amorebieta se adelantó a la media e Iraola recuperó su posición natural en el lateral. Una solución para los sufrimientos defensivos del Athletic y de Torres, que respiró cuando vio a Iraola más lejos.

El dibujo lo terminó de cambiar Caparrós antes del descanso, cuando mandó a Ustaritz al vestuario y dio entrada a Orbaiz. Pasó a jugar con un 4-2-3-1, con Orbaiz y Javi Martínez como mediocentros y Etxeberria, Yeste y David López por delante.

Intensidad

Se veía un partido intenso, bonito, de ida y vuelta. Se le pasó la euforia al Athletic y el Madrid pasó a controlar los tiempos, a tener más el balón y a asustar. Y llegó hasta el gol, pero Medina Cantalejo y su asistente acertaron al anular por fuera de juego un tanto a Sergio Ramos, que había ganado la espalda a la defensa del Athletic en la falta sacada por Sneijder.

El encuentro perdió vistosidad tras el paso por los vestuarios, Yeste se dejó ver menos y el que apareció por primera vez fue Van Nistelrooy para marcar. Aprovechó un error, forzado por Raúl, de Aitor Ocio al sacar el balón para sorprender con un potente lanzamiento desde fuera del área a Aranzubia, que ni se enteró de por dónde le llegó el balón. Pudo hacer más el portero. Como debió hacer más unos minutos después Van Nistelrooy, al que Raúl dejó con un taconazo solo frente a Aranzubia. Falló esta vez el holandés en la definición.

Tampoco acertó Robinho, que montado en su bicicleta llegó hasta el borde del área y desde allí se sacó un disparo que se estrelló en el poste de la portería de Aranzubia, que había vuelto a ser sorprendido. No aprovechó sus ocasiones el Madrid para sentenciar. Su ventaja fue que delante tuvo un conjunto con tanto corazón como poca pegada.

Se descontroló el encuentro y para intentar meter algo de pausa dio entrada Schuster a Gago por un irregular Sneijder y después a Guti por el lesionado Van Nistelrooy. Al final también entró Robben, una simple anécdota, como está siendo hasta ahora el paso del holandés por el Madrid.

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